
Al día siguiente, decidimos desayunar prontito y salir corriendo de ese apestoso hotel de carretera, nos esperaban más de 400km de ruta por delante. La carretera mejoraba y el clima también. Encontramos un tramo que atraviesa un Parque Nacional con unos cortados impresionantes.

En una parada nos encontramos a un ciclista de Barcelona, que andaba por esas carreteras de Dios y nos pareció un personaje bastante peculiar y raro. Después de reflexionar un poco con él, Carlos se hizo una pregunta en voz alta y con cara de preocupación: ¿Nos verán igual ellos a nosotros? En clara referencia al personaje tan “Friki” que nos habíamos encontrado saliendo de un túnel en bici a 3000km de su casa. No era el primero ni el último que nos encontraríamos.
Poco después de echar gasolina, Carlos se llevó la segunda multa del viaje por circular 40km por encima del límite. La multa (unos 30€) no pudimos pagarla porque no llevábamos moneda local. En cualquier caso, la policía de Rumania se mostró muy correcta y amable en todo momento.


El día continuaba y la ruta cada vez era más atractiva. Por fin llegamos a Sibiú, que nos pareció bastante bonita aunque nada del otro mundo. No entendimos muy bien el concepto de capital cultural, pero pudimos ver sus monumentos más característicos antes de partir hacia Sinashgora, un pueblo realmente bonito con su castillo, sus murallas y sus “hippies”. Y es que estaba lleno de “hippies”, con sus pelos de sobaco y todo.

Finalmente no pudimos encontrar alojamiento en dicho pueblo y partimos 150km más en dirección a Georginhi. Fue la mejor parte de la ruta, una carretera muy bien asfaltada, con el atardecer a nuestras espaldas y con unas curvas que se metían entre los pinos y los árboles. Había momentos en que la frondosidad del bosque tapaba por completo la luz y parecía que estuviéramos en un túnel de colores verdes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario