jueves, 23 de agosto de 2007

De Sofía a Bucarest.

Ese día madrugamos más que nunca, a las 7,30h de la mañana el buffet del hotel estaba lleno de abuelitos que devoraban toda clase de cereales y frutas. Carlitos casi acaba con toda la comida, la noche anterior no habíamos cenado prácticamente nada.


A pesar del madrugón, Sofía ya llevaba algunas horas en movimiento y encontramos algo de tráfico antes de poder llegar a la “autovia” que nos sacaría del centro de Bulgaria.
Para poder llegar a Rumania es necesario

atravesar unos montes de poca altura por alguno de los muchos pasos que se encuentran a medida que avanzamos hacia el este en dirección a Varna, capital del turismo de Bulgaria en el Mar Negro.
Finalmente decidimos ahorrarnos la visita al Mar Negro, no es la playa lo que más nos interesa en este viaje, aunque si hubiéramos tenido más tiempo nos hubiera gustado estar un par de días en remojo en las costas del mar Negro.
Durante el camino encontramos búlgaros que hablan español porque viven en nuestro país y regresan a Bulgaria para pasar unos días de vacaciones con la familia. Uno de ellos se tomo la molestia de explicarnos la importancia de los montes que estábamos atravesando. Parece ser que durante el siglo XIX los turcos trataron de invadir lo que hoy se conoce como Bulgaria, y fue precisamente en esos montes donde se libraron las batallas más determinantes. Tal y como nos contaba nuestro esforzado amigo búlgaro, fueron los rusos y el invierno las mejores ayudas para conseguir defenderse de estos turcos y fue en estos bosques donde finalmente los turcos se dieron por vencidos.
Después de comprobar que había un monumento a estas batallas en lo alto de estos montes continuamos nuestro viaje en dirección a Bucarest.


Por el camino encontramos, como es habitual, amigos peculiares. En este caso nos cruzamos con un motorista que se dirigía a una concentración de motos en el centro de Bulgaria sobre una Ural de 1960. Nos advirtió unas 13120187312 veces del peligro de las carreteras de camino a Ruse, la ultima ciudad antes de llegar al Danuvio. Me hubiera gustado ver la cara de este tranquilo búlgaro si nos hubiera visto volando por las deterioradas carreteras adelantando camiones y coches a un ritmo realmente alegre.


Finalmente llegamos a Ruse, una ciudad industrial, gris y bastante poco recomendable en la que la carretera era realmente un dolor. Atravesamos Ruse en pocos minutos y llegamos a la frontera con Rumania, que nos conduce a un puente sobre el Danuvio que comienza en Bulgaria y acaba en Rumania. Fue bastante triste ver un vertido industrial sobre el río. Parece ser que el respeto al medioambiente no se tiene en cuenta en esta parte de Europa.
A Bucarest llegamos 480km después de salir de Sofía y por una autovia bastante correcta, que está plagada de pasos de peatones lo que hace más interesante el viaje y el día a día de los muchos rumanos que viven en las casas que rodean dicha carretera.
Bucarest, nos pareció una ciudad mas activa y mas desarrollada que Sofía, incluso pudimos ver que muchas de las obras que se están haciendo la dotaban de un aire mas moderno.

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